Panini y el fin de una era en los álbumes del Mundial
Panini construyó uno de los imperios más grandes del coleccionismo deportivo gracias a los álbumes y figuritas de la Copa del Mundo. La empresa italiana comenzó en los años 50 como un pequeño kiosco de periódicos fundado por los hermanos Giuseppe y Benito Panini en Módena, Italia.
En ese momento, su negocio estaba enfocado únicamente en la distribución de diarios y revistas, sin imaginar que décadas después dominarían el mercado mundial de las estampitas.
El gran cambio llegó en 1960, cuando adquirieron un lote de figuritas del campeonato italiano que otra empresa no había logrado vender. En lugar de comercializarlas de forma individual, los hermanos Panini decidieron venderlas dentro de sobres cerrados, introduciendo el factor sorpresa que todavía caracteriza a los álbumes actuales. La idea fue un éxito inmediato y permitió que millones de sobres fueran vendidos en poco tiempo.
Un año después, en 1961, lanzaron su primer álbum oficial: el Calciatori 1961-1962, dedicado al fútbol italiano. Desde entonces, la compañía no dejó de crecer. Además de mejorar la calidad de las fotografías y la información de los jugadores, Panini desarrolló sistemas de producción más avanzados, como la máquina “Fifimatic”, creada en 1963 para mezclar y empaquetar figuritas de manera automática, reduciendo la cantidad de repetidas.

El paso más importante en la historia de la empresa ocurrió en 1970, cuando obtuvo la licencia oficial de la FIFA para producir el álbum de la Copa del Mundo de México 1970. A partir de ese momento, Panini se convirtió en sinónimo de los mundiales y comenzó una expansión internacional que incluyó torneos como la Eurocopa, la Champions League, la Copa América y distintas ligas nacionales.
Con el paso de los años, los álbumes evolucionaron. Las figuritas dejaron de necesitar pegamento gracias al formato autoadhesivo, se incrementó la cantidad de jugadores por selección y aparecieron las estampitas especiales, como los escudos brillantes que se volvieron un clásico entre los coleccionistas.
El negocio también se transformó en una fuente millonaria de ingresos para la compañía. Durante los mundiales, las ventas alcanzaron cifras récord. Con Rusia 2018, Panini superó los mil millones de euros en facturación y en Qatar 2022 rebasó los dos mil millones de euros, consolidándose como la empresa líder del sector.
Sin embargo, el dominio de Panini comenzó a verse amenazado por otras compañías. Primero apareció Topps, una empresa estadounidense especializada en tarjetas coleccionables, que fue obteniendo licencias de importantes torneos y ligas. Más adelante surgió Fanatics, dedicada originalmente al merchandising deportivo, que en 2022 compró Topps y aceleró su expansión en el mercado del coleccionismo.
La situación se volvió crítica para Panini cuando Fanatics y Topps consiguieron acuerdos con competiciones organizadas por la UEFA y, posteriormente, la licencia exclusiva de la FIFA para producir los álbumes y figuritas oficiales de la Copa del Mundo a partir de 2031. Esto significa que el Mundial de 2030 sería el último torneo con un álbum oficial de Panini.
Ante este escenario, Panini inició acciones legales contra Fanatics por presuntas prácticas monopólicas, argumentando que algunos acuerdos fueron negociados de manera secreta y sin posibilidad de competir por los derechos.
Actualmente, el futuro de Panini genera incertidumbre. Aunque la empresa continuará produciendo el álbum oficial del Mundial hasta 2030, perder la Copa del Mundo representa uno de los golpes más importantes de su historia, ya que este torneo ha sido durante más de seis décadas el principal motor de su éxito internacional.
La noticia ha generado nostalgia entre coleccionistas y aficionados, quienes consideran los álbumes Panini una tradición inseparable de cada Copa del Mundo.


