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miércoles, febrero 21, 2024
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El silencio o el reto de estar solos

El silencio puede ser fuente de cambios fisiológicos y mentales muy beneficiosos para nuestras vidas.

El silencio es un estado del ser humano que poca gente codicia porque nos enfrenta con nosotros mismos y, muchas veces, nos aburre. Cuando se ha comprendido la calidad de vida que puede proporcionarnos el silencio mediante el ejercicio de la atención, lo apreciamos y, biológica y mentalmente, nos puede ayudar a ser más felices.

Licenciado en Biología y doctor en Biología Animal por la Universidad La Sapienza de Roma (Italia), Emiliano Bruner (1972) es, desde hace 14 años, responsable del laboratorio de Paleoneurología, en el que se ocupa, en general, de las materias de antropología y neurociencias del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos.

Sus líneas de investigación incluyen la neuroanatomía comparada y las ciencias cognitivas, pero es también muy activo como divulgador científico, escribiendo habitualmente por revistas como “Investigación y Ciencia” y “Jot Down”.

A nivel cognitivo, Bruner trabaja sobre todo con integración viso-espacial y percepción corporal, y esto lo ha llevado a investigar el mundo de los sentidos y los principios de la atención plena, mejor conocida hoy en día como “meditación mindfulness”.

El investigador explica a Efe cómo el silencio puede revertir algunos males para el ser humano y además,  si conseguimos tener una disciplina sobre la atención en nuestro presente, el silencio puede ser fuente de cambios fisiológicos y mentales muy beneficiosos para nuestras vidas.

Silencio absoluto

“El silencio absoluto sabemos que existe solo en el espacio, donde hay ausencia de propagación de ondas acústicas, pero en la Tierra no existe el silencio, más bien se puede decir que es un concepto, porque el silencio absoluto físicamente no existe”.

Bruner indica cómo experimentamos el silencio que, “siempre pensamos que es una característica asociada a una situación o un ambiente donde nos encontramos, sin embargo, el silencio es una experiencia perceptiva desde el ambiente donde estamos, es una experiencia sensorial”.

El antropólogo afirma que “el silencio es una percepción subjetiva del panorama acústico de un ambiente. Descubrimos que, curiosamente, no es una propiedad de aquel ambiente en que nos encontramos, sino que resulta una interpretación sensorial y cognitiva nuestra de esas condiciones, que depende de muchos aspectos; algunos acústicos, pero también mentales”.

Un horizonte acústico completo

Dentro del concepto ‘horizonte acústico’ se engloban todos los posibles sonidos en que un ser puede estar involucrado a nivel de espacio acústico, pero “también depende -según Emiliano Bruner- de nuestras capacidades perceptivas y sensoriales. Por perceptiva y sensorial se está entendiendo, bien la capacidad de recibir la señal, bien la capacidad de transformarla y de dejar que el cerebro la elabore y, finalmente, puede depender incluso de nuestra condición psicológica”.

Además, existe la ambigüedad en la forma en que vamos a interpretar, según el momento, una señal sensorial, incluso acústica, “con lo cual, paradójicamente, el silencio no es una característica del ambiente, es una experiencia sensorial que yo recibo e interpreto”.

Bruner pone un ejemplo “sencillo”, al exponer que “dentro de un panorama acústico tenemos sonidos que están asociados a actividades humanas, se llaman antropofónicos; los que están asociados a actividades de la naturaleza, como el de los pájaros, son biofónicos; y los que están asociados al medio ambiente físico son geofónicos, por ejemplo, el viento o el sonido de las olas; y cada uno de nosotros decide si estos sonidos forman parte de su silencio”.

“Muchas veces decimos “fíjate qué silencio hay” y, sin embargo, hay muchos pájaros que están cantando, con lo cual no es silencio, pero para el que se encuentra ahí, el canto de los pájaros es parte de lo que está buscando dentro de un panorama acústico que asocia al silencio. Así, las ondas acústicas de un panorama, de un horizonte acústico más mis capacidades efectivas y sensoriales y mi actitud psicológica me orientan hacia un cierto tipo de sesgo y de filtro, y de interpretación de todas estas señales que llegan”.

“Rumiación” entre el pasado y el futuro

El panorama actual nos vuelve a hacer pensar en la covid y, sobre todo, en las personas afectadas, por lo que se nos plantea cómo pueden vivir el silencio los pacientes que tienen que permanecer encerrados en la habitación de un hospital, sin embargo, para Bruner, “el hospital está lleno de ruidos, tiene orquestas de ruidos, de las máquinas,  de las otras personas, de los médicos o de los que pasan por los pasillos, etc.”.

“El mundo hospitalario genera muchísima acústica y precisamente un tipo de acústica que puede generar ansiedad en la persona, porque son ruidos muchas veces asociados a situaciones negativas y, segundo, porque son ruidos desconocidos y el ruido desconocido puede entrar en un lugar peligroso para tu propia mente”.

El científico señala un antídoto contra este silencio perjudicial “el silencio muchas veces es una cuestión de lograr focalizar la atención en un objeto, en algo que está pasando o en una acción que tú estás haciendo. Cuando las personas no tienen un foco de atención y se quedan solos consigo mismos, para la mayoría de ellas empieza la rumiación”.

Para Bruner, “los humanos tenemos dos grandes superpoderes que no posee ningún animal, el primero es una capacidad de recordar muy grande y el segundo es que tenemos una gran capacidad de calcular y prever. La capacidad de recordar te lleva al pasado, la capacidad de prever y calcular te lleva al futuro, moraleja: estos dos superpoderes se nos vuelven en contra muchas veces porque empezamos a vivir sólo en el pasado o sólo en el futuro”.

A esta forma de anclarse en el pasado o en el futuro es lo que se le llama ‘rumiar’, es decir, empiezas a pensar en lo que ha pasado o a pensar en algo que puede pasar, pero lo que ha pasado ya ha pasado, lo que podrá pasar todavía no ha pasado, con lo cual nos perdemos en algo que ya no existe en el caso del pasado y algo que no ha existido, en el del futuro.

“En ambos casos hablamos de imágenes. Pasado y futuro son para nuestro cerebro sólo imágenes que empiezan a tomar espacio en la mente hasta que se vuelven tan grandes que se tocan y no nos damos cuenta de que nos olvidamos de vivir el presente y empezamos a vivir de esas imágenes. Esto es lo que pasa en la mayoría de los casos hoy en día”, se lamenta Bruner.

Las evidencias epidemiológicas revelan que existe una gran proporción de personas que han tenido un diagnóstico de ansiedad, estrés o depresión, “problemas surgidos porque esta gran esfera del pasado y esta gran esfera del futuro han atrapado a la persona y le han dejado crujir en esta pinza que les ha llevado a no poder vivir el presente”, indica el científico.

Una pandemia de sufrimiento

Este problema ha sido definido por muchos psicólogos como una “pandemia de sufrimiento”, recogido también a nivel neurológico, “porque hay redes neuronales por defecto que coactivan áreas frontales, parietales y temporales para  llevar a cabo este vagabundeo mental que es un perderse en el pasado y en el futuro que les atrapa, muchas veces con un trasfondo social”.

Una de las características de estas personas a las que no les gusta el silencio es la de tener en sus casas constantemente un televisor encendido o una radio, y ni están viendo la televisión ni oyendo la radio, “solamente están ocupando el espacio acústico, están intentando rellenar el espacio acústico para no quedarse solos con el silencio”, indica Emiliano Bruner.

Para el paleoneurólogo, las tradiciones orientales que proponen la meditación son una buena vacuna para esta pandemia de sufrimiento : “La meditación, que no quiere decir dejar la cabeza en blanco, esto es una leyenda urbana. Meditación quiere decir: ‘deja en paz el pasado, deja en paz el futuro, vive el presente’. Este presente está echo de un cuerpo con un sistema sensorial que está recibiendo información del medio ambiente externo”.

Nuestro sistema cognitivo se alimenta de un intercambio constante con el medio ambiente y este puente entre nuestro cerebro y el medio ambiente, al vivir el presente, va entrando en contacto con nuestro cuerpo o sistema sensorial y perceptivo, y se experimenta con una percepción acústica, visual o física corporal, incluso con una respuesta emocional.

El problema para el científico es que nos apegamos tanto a las emociones positivas como a las negativas, por lo que, como dicen las tradiciones orientales, habría que disfrutar de los sentidos que sean visuales, acústicos o mentales, con los pensamientos y emociones que se producen en ese mismo momento.

“Si es una emoción buena disfrútala y, luego, déjala pasar y si es una emoción mala, recíbela de la misma manera y déjala pasar igualmente. El problema es que siempre tenemos un apego constante y es entonces cuando empezamos a ‘rumiar’”, opina el experto.

“Si evitamos estos apegos que nos hacen ‘rumiar’ podríamos incluso cambiar la vida a nuestro alrededor, porque el cerebro es una máquina, funciona con hormonas, con neurotransmisores que son moléculas bioquímicas. Cuando te sientes triste o alegre es porque tu cerebro está proporcionando un tipo de moléculas u otras, pero nada más organizar tu situación cognitiva para influir en el tipo de moléculas que tu cerebro  deja  en circulación ya estás entrando en otro tipo de dinámica emocional”, indica.

“Por ejemplo, -asevera Bruner- hay una actividad que se realiza mucho en meditación y en psicología que es la visualización en la que activamos la imaginación y, muchas veces, se ha comprobado que cinco o diez minutos de visualización te puede cambiar el panorama bioquímico del cerebro y aquellas moléculas que nos ponen de mal humor se reducen y las moléculas que nos ponen alegres y más positivos empiezan a funcionar”.

El silencio en el que te enfrentas a lo que eres

el reto del silencio
Si es una emoción buena disfrútala y, luego, déjala pasar y si es una emoción mala, recíbela de la misma manera y déjala pasar igualmente. Foto: EFE/Wolfgang Kumm

“El silencio es un momento en el que te enfrentas a lo que eres. Si no te gusta lo que eres, no te gusta donde estás es el silencio lo que te enfrenta a quedarte sólo contigo. Muchísimas personas evitan quedarse solas consigo mismas y otras, sencillamente, nunca lo han hecho, no es que lo eviten es que no saben qué hacer en esos momentos. Vivimos en un mundo sobrecargado de información, la sociedad, los amigos, el trabajo, la televisión, el móvil y es muy difícil adaptarse al silencio”.

Emiliano Bruner suele expresar una frase del explorador noruego Erling Kagge, quien ha dejado escrito que “en la era del ruido, el silencio es el nuevo lujo” y el antropólogo analiza su significado: “tenemos una sobrecarga de informaciones, con lo cual no nos da tiempo a quedarnos con nosotros mismos y con el silencio”.

“El modelo que nos da nuestra sociedad es que, si no estás haciendo algo, te aburres. La gente se aburre cuando se queda sola consigo mismo, esto no es bueno porque, si te aburres cuando estás contigo, quiere decir que no tienes una buena opinión de ti y hay algo que no funciona”, añade el científico.

“Pertenecemos a una sociedad que nos dice que tenemos que hacer siempre algo, de lo contrario nos aburrimos, pero a nosotros mismos nos hemos llamado seres humanos, no hacedores humanos y, si se empieza a pensar que el hacer es un desahogo se convierte también en una huida del ser”, concluye Emiliano Bruner

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