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Construcción del primer rascacielos del mundo a prueba de terremotos

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“La Latino”, ubicada en Ciudad de México, es una joya de la arquitectura antisísmica cuya estructura y cimentación han servido de inspiración para la construcción de este tipo de edificios en lugares con alto riesgo sísmico, como Japón o Chile.

Cualquier persona que haya estado en Ciudad de México ha mirado la hora en el reloj digital que se encuentra en la parte superior de la Torre Latinoamericana. La Latino, como comúnmente la llaman, tiene 182 metros de altura, 44 pisos y una estructura metálica cubierta por enormes ventanales en tonalidades azules y ligeramente empañados por el paso del tiempo. Esta joya antisísmica de la arquitectura moderna, que cumple 65 años este mes de abril, es uno de los rascacielos más admirados por los 20 millones de habitantes del área metropolitana de la capital del país azteca.

Su diseño estuvo a cargo del arquitecto mexicano Augusto H. Álvarez, uno de los principales exponentes de la arquitectura moderna en Latinoamérica. “Él fue invitado a participar en este innovador proyecto por la empresa Seguros Latinoamericana. Ahí plasmó su deseo de construir un edificio moderno y esbelto con proporciones similares a los rascacielos de Estados Unidos. Álvarez se inspiró en el Empire State Building y en el edificio Chrysler, ambos de Nueva York”, explica a ICON Design José María Nava, arquitecto catedrático de la facultad de arquitectura de la Universidad Iberoamericana, la misma que el arquitecto Álvarez fundó en 1955.

Sin embargo, la idea de construir la que sería la torre más alta de Latinoamérica (hasta ese momento lo era el edificio Altino Arantes, en São Paulo) parecía una tarea complicada debido a las condiciones adversas del suelo de Ciudad de México. La antigua capital del imperio azteca fue construida sobre un islote del lago de Texcoco y para aportar ligereza y flexibilidad a la estructura, algo indispensable en caso de que se diera un terremoto, Álvarez —junto al ingeniero civil y geólogo Leonardo Zeevaert y el ingeniero estadounidense Nathan M. Neumark, considerado como uno de los padres de la ingeniería sísmica— optó por que la fachada del rascacielos fuera de acero y cristal.

La clave de la tecnología antisísmica de la Latino está en las entrañas del suelo que soportan sus 25.000 toneladas de peso. “Debajo de la torre colocaron 361 pilotes de hormigón en forma de punta. Estos pilares atraviesan toda la zona inestable del subsuelo, llena de agua y arena, y se enganchan a poco más de 30 metros de profundidad. Justo donde está la primera capa de tierra dura y estable”, dice el catedrático de la Iberoamericana. Esto hace que la estructura no se hunda en una ciudad que desciende de 2 a 40 centímetros por año, según una investigación del Consejo Nacional de Ciencia.

Otro punto a destacar de esta tecnología antisísmica está en los tres sótanos totalmente huecos que actúan como una especie de línea de flotación de un barco. “Para que un barco flote, su estructura tiene que estar hueca y tener aire dentro para que el agua lo empuje hacia arriba. Así funciona esta torre: es como si estuviera flotando en el agua que sale del subsuelo. Eso le aporta una estabilidad que le permite menearse sin llegar a derrumbarse en caso de un terremoto. Se balancea como una embarcación en una oleada y al mismo ritmo que el suelo”, puntualiza Nava.

Fue así como la Torre Latinoamericana se convirtió en el primer rascacielos del mundo construido en una zona altamente sísmica, ya que la costa del Pacífico mexicano se encuentra en el Cinturón de Fuego, la zona donde hay más terremotos y volcanes del mundo. “Ha soportado tres grandes sismos sin sufrir ningún daño considerable: en 1957, justo un año después de su inauguración, aguantó uno de 7,8 grados en la escala de Richter; en 1985 otro de 8,1 ; y el último, en 2017, de 7,1. Lo único que se rompió fueron unos cristales”, dice el maestro Ramón Abud, catedrático y arquitecto de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“La tecnología antisísmica de la Latino fue muy innovadora y revolucionaria para la época. Se utilizó el mismo concepto que los antiguos habitantes de Tenochtitlan usaron en sus construcciones. En el Templo Mayor, una zona arqueológica azteca cercana a la torre, podemos ver los pilotes de madera que se encuentran debajo de las pirámides”, reflexiona Abud. La Torre Mayor de Ciudad de México, inaugurada en 2003, fue el primer rascacielos de Latinoamérica en contar con amortiguadores sísmicos a lo largo de su estructura capaces de disipar la energía que produce el movimiento de la tierra.

La estructura metálica de la Latino fue creada por la compañía McClintic-Marshall, ubicada en Pittsburgh, Pensilvania. Allí también se crearon las vigas de acero del Empire State Building. “Podríamos decir que estas dos torres son hermanas porque nacieron en los mismos hornos”, apunta el arquitecto Edzon Morales, presidente del Ilustre Colegio de Ingenieros Arquitectos de México. La innovadora estructura y cimentación de la Torre Latinoamericana sirvieron como ejemplo para la construcción de rascacielos en zonas con alto riesgo sísmico, como Japón o Chile. “Su sistema de cimentación también extrae el agua de alrededor para que la misma estructura vaya bajando uniformemente con el descenso natural de la ciudad, pero no se hunde por si sola”, explica Morales.

Por otro lado, la zona donde se encuentra fue un lugar muy importante en la época prehispánica, ya que era donde estaba el zoológico del emperador azteca Moctezuma. Ahí guardaban águilas reales, halcones, perros y serpientes, principalmente, que se utilizaban como alimento o como ofrenda en los rituales. Tras la conquista de México, toda esa área pasó a formar parte de las propiedades de Hernán Cortés.

En la actualidad, la Latino es una de las principales atracciones turísticas de Ciudad de México, ya que su mirador ofrece una de las mejores vistas panorámicas de la capital mexicana. “En el año 2019 registramos más de 600.000 visitas. Su ubicación permite ver con claridad los cuatro puntos cardinales de la ciudad”, reconoce Pedro Fossas, director de la inmobiliaria Torre Latinoamericana. El rascacielos cuenta con ocho ascensores, dos museos, dos restaurantes y decenas de oficinas privadas que ocupan compañías como Seguros Latinoamericana, Inmobiliaria Torre Latinoamericana, Miralto S. A. de C. V., Telcel y Seguros Imbursa, estas dos últimas propiedad del magnate mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del planeta. “Esta torre fue un símbolo de progreso y modernidad y ahora es considerado como uno de los edificios más seguros de la ciudad y del mundo”, finaliza Fossas.

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