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¿Cómo empoderar a sus hijos para que resuelvan sus diferencias con otras personas?

¿Cómo empoderar a sus hijos para que resuelvan sus diferencias con otras personas?

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Los problemas de comunicación entre personas y sus consecuentes peleas pueden ser más habituales de lo que creemos. Así lo confirma la psicóloga clínica Ana María Andreu, quien asegura que estas pueden deberse incluso a una normalización cultural.

“Las peleas son 100 por ciento normales, y esto se lo atribuimos a que hemos sido educados en sociedad como dependientes. Creemos que los otros son responsables de nuestras emociones”, apunta Andreu.

Esto puede verse en situaciones cuando un niño hace algo que a su padre le molesta y este le dice “¿Querés verme enojado?”, ejemplifica la psicóloga.

“Eso deja ver que responsabilizamos a las personas por cómo nos sentimos, pero debería ser decisión de cada uno enojarse, sentirse feliz… Muchas veces se prefiere echar la culpa”, argumenta la especialista.

La mayor complicación que esto supone es la inmadurez con que las personas pueden llegar a manejar sus emociones, y por consecuente, en ocasiones de disgusto o enojo, pueden detonar y no saber cómo lidiar con las diferencias cuando hay otros involucrados.

Accionar en la niñez

El escenario mencionado podría verse más a fondo cuando, por ejemplo, dos niños se pelean y sus respectivos encargados se sienten incomodados puesto que no saben cómo reaccionar.

Lo anterior puede provocar incomodidad entre los padres, ya que estos buscarán proteger a sus hijos. Sin embargo, se trata de una protección fundamentada en una mala educación porque muchas veces los adultos creen que deben resolverles todos los problemas a los pequeños, apunta Andreu.

Para la psicóloga, el hecho que los niños experimenten frustración o sufrimiento con otra persona podría permitirles comprender que las relaciones interpersonales pueden tener altibajos. Esto les ayudará también a modular sus emociones ante los problemas y prepararse para la adultez.

Al presentar los niños molestias por un problema con otra persona, debido a sus diferencias, la psicóloga incentiva a empoderarlos con las siguientes pautas:

  • Escuchar el problema y mostrar empatía. Una vez terminen su argumento, preguntarles qué piensan hacer para resolver la situación. Se les puede ofrecer ideas, pero ellos deben elegir cómo actuar. Esto aporta a su madurez y seguridad.
  • Medir el alcance del problema que experimentan. Puede tratarse de un tema solucionable con alguien de su misma edad. De lo contrario, si es con alguien mayor, la psicóloga sugiere que los padres intervengan, ya que la diferencia de conocimiento entre ambas partes es mucha.
  • Si se trata de una situación de molestia en la que al niño le dicen algo que no le gusta, preguntarle si realmente cree eso. Esto les invitará a reflexionar que la percepción propia es más importante que la de otros.
Los padres son los primeros aliados para que los niños aprendan a modular sus emociones.
Es vital la escucha y participación de los encargados y padres de familia para que los niños aprendan a lidiar con las peleas. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
  • Ante un supuesto ataque físico, pedirles que describan el dolor y medir qué tan fuerte es, ya que se debe contemplar la honestidad con que expresan el hecho.
  • Exhortarlos a enfrentar las situaciones de manera directa con las otras partes y no por “las espaldas”.
  • Si el problema es constante, escucharlos y buscar apoyo con un especialista en psicología.

A decir de Andreu, quien tiene más de diez años trabajando el programa de transformación de acoso escolar e infantil Bullies to Buddies, pautas como las mencionadas pueden ayudar a disminuir los problemas entre niños, así como el acoso.

La psicóloga señala que las diferencias no dejarán de existir, pero si se inducen de manera consciente y responsable, puede aminorar los efectos emocionales sobre los pequeños. Visto hacia el futuro, esto podría aportar al manejo de una buena inteligencia emocional ante las discrepancias con otros.

Empezar con el ejemplo

Para la también psicóloga clínica Colombia Callén, los problemas son parte de la cotidianidad durante la niñez. “Los niños desde los más chiquitos suelen ser egoístas y envidiosos. Es por eso que, cuando algún adulto tiene actitudes sin razón como esas, se le dice ‘infantil’”, comenta.

Cuando los pequeños llegan a tener problemas con hermanos, primos, compañeros o amigos, los padres pueden tomar acción para alivianar las situaciones y dar un ejemplo de madurez a la hora de abordarlas. Entre las sugerencias de Callén para conciliarlas están:

  • No tomar partido por alguna de las partes involucradas. De lo contrario, se puede generar división y más enojo entre los niños.
  • Manejar la situación con empatía y tranquilidad, pero sin dejar de lado la autoridad, que puede ser empleada sin necesidad de gritos o regaños drásticos.
  • Separar a los niños por un rato y explicarles por qué se ha decidido eso.
  • Una vez haya cesado el problema, dar siempre el mismo afecto y alimentar la autoestima en todos por igual.

Callén agrega que más allá del carácter que puedan tener los hijos, sus padres son una gran influencia. Si los encargados suelen pelear o criticar constantemente, es razonable que los pequeños lo normalicen y repliquen.

Muchas veces, las actitudes negativas de los hijos son un reflejo de cómo actúan sus padres. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

“El problema radica en cómo manejan los padres las situaciones. Todo parte del ejemplo”, añade Callén que, en paralelo, sugiere a los adultos con niños cultivar en ellos valores como la generosidad, empatía, tolerancia y paciencia.

Esto puede verse en situaciones cuando un niño hace algo que a su padre le molesta y este le dice “¿Querés verme enojado?”, ejemplifica la psicóloga.

“Eso deja ver que responsabilizamos a las personas por cómo nos sentimos, pero debería ser decisión de cada uno enojarse, sentirse feliz… Muchas veces se prefiere echar la culpa”, argumenta la especialista.

La mayor complicación que esto supone es la inmadurez con que las personas pueden llegar a manejar sus emociones, y por consecuente, en ocasiones de disgusto o enojo, pueden detonar y no saber cómo lidiar con las diferencias cuando hay otros involucrados.

Accionar en la niñez

El escenario mencionado podría verse más a fondo cuando, por ejemplo, dos niños se pelean y sus respectivos encargados se sienten incomodados puesto que no saben cómo reaccionar.

Lo anterior puede provocar incomodidad entre los padres, ya que estos buscarán proteger a sus hijos. Sin embargo, se trata de una protección fundamentada en una mala educación porque muchas veces los adultos creen que deben resolverles todos los problemas a los pequeños, apunta Andreu.

Para la psicóloga, el hecho que los niños experimenten frustración o sufrimiento con otra persona podría permitirles comprender que las relaciones interpersonales pueden tener altibajos. Esto les ayudará también a modular sus emociones ante los problemas y prepararse para la adultez.

Al presentar los niños molestias por un problema con otra persona, debido a sus diferencias, la psicóloga incentiva a empoderarlos con las siguientes pautas:

  • Escuchar el problema y mostrar empatía. Una vez terminen su argumento, preguntarles qué piensan hacer para resolver la situación. Se les puede ofrecer ideas, pero ellos deben elegir cómo actuar. Esto aporta a su madurez y seguridad.
  • Medir el alcance del problema que experimentan. Puede tratarse de un tema solucionable con alguien de su misma edad. De lo contrario, si es con alguien mayor, la psicóloga sugiere que los padres intervengan, ya que la diferencia de conocimiento entre ambas partes es mucha.
  • Si se trata de una situación de molestia en la que al niño le dicen algo que no le gusta, preguntarle si realmente cree eso. Esto les invitará a reflexionar que la percepción propia es más importante que la de otros.
Los padres son los primeros aliados para que los niños aprendan a modular sus emociones.
Es vital la escucha y participación de los encargados y padres de familia para que los niños aprendan a lidiar con las peleas. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
  • Ante un supuesto ataque físico, pedirles que describan el dolor y medir qué tan fuerte es, ya que se debe contemplar la honestidad con que expresan el hecho.
  • Exhortarlos a enfrentar las situaciones de manera directa con las otras partes y no por “las espaldas”.
  • Si el problema es constante, escucharlos y buscar apoyo con un especialista en psicología.

A decir de Andreu, quien tiene más de diez años trabajando el programa de transformación de acoso escolar e infantil Bullies to Buddies, pautas como las mencionadas pueden ayudar a disminuir los problemas entre niños, así como el acoso.

La psicóloga señala que las diferencias no dejarán de existir, pero si se inducen de manera consciente y responsable, puede aminorar los efectos emocionales sobre los pequeños. Visto hacia el futuro, esto podría aportar al manejo de una buena inteligencia emocional ante las discrepancias con otros.

Empezar con el ejemplo

Para la también psicóloga clínica Colombia Callén, los problemas son parte de la cotidianidad durante la niñez. “Los niños desde los más chiquitos suelen ser egoístas y envidiosos. Es por eso que, cuando algún adulto tiene actitudes sin razón como esas, se le dice ‘infantil’”, comenta.

Cuando los pequeños llegan a tener problemas con hermanos, primos, compañeros o amigos, los padres pueden tomar acción para alivianar las situaciones y dar un ejemplo de madurez a la hora de abordarlas. Entre las sugerencias de Callén para conciliarlas están:

  • No tomar partido por alguna de las partes involucradas. De lo contrario, se puede generar división y más enojo entre los niños.
  • Manejar la situación con empatía y tranquilidad, pero sin dejar de lado la autoridad, que puede ser empleada sin necesidad de gritos o regaños drásticos.
  • Separar a los niños por un rato y explicarles por qué se ha decidido eso.
  • Una vez haya cesado el problema, dar siempre el mismo afecto y alimentar la autoestima en todos por igual.

Callén agrega que más allá del carácter que puedan tener los hijos, sus padres son una gran influencia. Si los encargados suelen pelear o criticar constantemente, es razonable que los pequeños lo normalicen y repliquen.

Muchas veces, las actitudes negativas de los hijos son un reflejo de cómo actúan sus padres. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

“El problema radica en cómo manejan los padres las situaciones. Todo parte del ejemplo”, añade Callén que, en paralelo, sugiere a los adultos con niños cultivar en ellos valores como la generosidad, empatía, tolerancia y paciencia.

La psicóloga sugiere que los pequeños, mediante los padres, aprendan a estar pendientes de las necesidades que otras personas (ya sean familiares o desconocidos) puedan tener. “Enseñarles a ponerse en los zapatos de alguien más”, dice Callén. Esto propiciará que los niños tomen consciencia de la importancia de los otros, a la vez que generará solidaridad y tolerancia.

psicóloga sugiere que los pequeños, mediante los padres, aprendan a estar pendientes de las necesidades que otras personas (ya sean familiares o desconocidos) puedan tener. “Enseñarles a ponerse en los zapatos de alguien más”, dice Callén. Esto propiciará que los niños tomen consciencia de la importancia de los otros, a la vez que generará solidaridad y tolerancia.

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